domingo, 22 de enero de 2017

Más que números

Hay veces en las que debemos cuestionarnos el mundo que nos rodea. Y esta es una de ellas. Algo diferente a las reflexiones a las que os tenemos acostumbrados, pero hay que replantearnos muchas de las cosas del mundo que damos por supuestas. 







Somos más que un número. Somos más que todos los números en los que la sociedad nos clasifica des del momento en el que nacemos.

Desde que nacemos, la sociedad nos impone un número de identificación. Pero la cosa no acaba ahí.
Crecemos rodeados de notas,  números que muestran el valor de nuestra inteligencia. Crecemos bajo un sistema que nos clasifica y nos jerarquiza. Para el que somos un simple número. Nuestra sociedad no se mide en habilidades, ni en pasiones, se mide en cifras.  ¡Cómo si la inteligencia realmente pudiese valorarse quantitativamente!

También crecemos rodeados de otro tipo de números. Que ya no tratan de ser un reflejo de nuestro valor académico, sino que tratan de reflejar nuestro valor social. Crecemos rodeados de números que indican nuestra popularidad. Del número de seguidores en x red social. Del número de amigos. Del número de me gustas. Del número de felicitaciones que recibimos. Y todo esto, ¿para qué?

Somos mucho más que eso. Somos la persona que hay detrás de todos esos números. Somos la persona que es amiga de sus amigos. La persona que es quién quiere ser. Y que comparte lo que le gusta en sus redes sociales. Somos como somos, y nuestro valor no reside en cómo nos valoran, sino en cómo nos sentimos. Y en la amistad, el valor no está en la cantidad sino en la calidad.

Somos muchísimo más que un simple número. Somos seres complejos. Somos seres únicos y diferentes del resto, por muy iguales que nos quieran hacer parecer.

Es más, somos más que todas las construcciones sociales que, en vez de ayudarnos a clasificarnos, han conseguido dividirnos. Somos más que todas las clasificaciones que nos han enseñado. Somos más que un género. Que blanco o negro. Que adulto o menor. Somos personas. Somos seres humanos. A partir de ahí, lo demás son construcciones sociales.

Pero no tenemos porqué conformarnos con lo que nos han inculcado y con lo que hemos crecido. Podemos darnos cuenta de las cosas y transformarlas a nuestro favor. Podemos darle la vuelta a todas esas construcciones y dejar de darles tanta importancia.

Podemos dejar de juzgar a una persona en función de sus notas, y valorar su esfuerzo por encima de todo. Podemos dejar de juzgar a una persona por lo que muestra de ella en las redes sociales. Cada uno es como es y decide mostrar una cosa u otra. Y nadie es más perfecto que nadie por mostrar unas cosas determinadas. La perfección no existe.

La clave está en saber cómo es uno mismo. En ser fieles a nuestra personalidad. Y en no dejarse influir por lo que los demás digan de nosotros. No podemos depender de la aceptación de los demás para aceptarnos a nosotros mismos.

Porque somos muchísimo más que un número. Y nunca habrá número lo suficientemente complejo para reflejar todo lo que somos. Y no dejéis que, jamás de los jamases, un número os defina.




Y sí, esta reflexión ha sido inspirado por muchas lecturas sobre la sociedad de las apariencias y por el capítulo 3x01 de Black Mirror. Recomendadísimo es poco. 

¿Qué pensáis al respecto? Esperamos que os haya gustado esta reflexión sobre el valor de las personas. 

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¡Nos leemos muy pronto!


¡Sorpresa!